Betty levantó el hidroavión Grumman a dos mil pies... De pronto, hubo silencio. Un silencio total. El motor se había parado. Los pasajeros jadearon, pero Betty sabía que no podía perder la calma. Sólo tenían una remota posibilidad de supervivencia: el serpenteante río que atravesaba la selva a sus pies.
Betty Greene, desde niña tuvo dos grandes pasiones: el amor por Cristo y la aviación. Fue formado en el Servicio Aéreo Femenino (WASP) durante la Segunda Guerra Mundial, pero no llegó a participar en la guerra porque se disolvió este destacamento. Betty pudo volar sueño de "servir a Dios": fue pionera y colaboradora en Alas de Socorro - una organización internacional con más de 117 aviones en 19 países -, combinando aventura, servicio y llevando esperanza (1920-1997).
